
« Texto escrito por Helena Dax »
Después de la guerra, Draco se fue a terminar sus estudios a Durmstrang y pasó unos años viajando por el extranjero. Mientras tanto, Harry pasó por la Academia de Aurores y descubrió que sus sentimientos por Ginny no eran tan intensos como los que sentía por uno de sus compañeros de promoción. Harry llevaba sólo dos meses como Auror cuando Draco volvió a Inglaterra.
Tres semanas después, los Aurores recibieron un aviso desde Malfoy manor, denunciando que alguien había secuestrado a los pavos reales albinos de Lucius Malfoy.
Los Malfoy estaban desconsolados, pero Draco insistió en ayudar a los Aurores, si bien ellos lo llamarían más bien “molestar” (aunque la verdad es que al final, no habrían podido capturar al responsable del crimen sin él).
Mientras tanto, Harry fue descubriendo que Draco estaba ciertamente bueno y que, a su manera, podía resultar hasta divertido. Cuando lo vio en vaqueros, unos que realzaban espléndidamente todo lo que podía ofrecer en ambos sentidos, empezó a tener ciertos pensamientos. Narcissa tuvo que suplicarle que usara un poco de Oclumancia por el bien de la decencia, pero lo cierto era que Draco también se había empezado a sentir atraído por Harry y las promesas que parecía esconder bajo su túnica de Auror.
Cuando resolvieron el caso y los Aurores dejaron de ir a Malfoy manor, Harry se dio cuenta de que echaba de menos a Draco. Entonces Draco le envió una ridícula carta diciéndole que pensaba demandar al Departamento de Aurores por el trauma que le habían creado a los pavos reales durante el rescate. Harry, indignado, fue a decirle lo que pensaba de su carta y al final resultó que todo era una treta para volver a verlo porque Draco también le echaba de menos.
Después de dos rondas de sexo sumamente satisfactorio, decidieron salir juntos y seis meses después, se fueron a vivir juntos a una casa mágica no muy lejos de Londres. La sociedad mágica quedó bastante conmocionada por el emparejamiento, pero era un escándalo que todos seguían con avidez. Y poco a poco, se fueron acostumbrando a ver juntos a Harry Potter y Draco Malfoy.
A Harry le gusta ir al fútbol o al quidditch, estar con Teddy, salir a cenar fuera y quedar con sus amigos. A Draco también le gusta ir al quidditch y pasar tiempo con su sobrino y sólo acepta ir a restaurantes si son lo bastante exclusivos. Draco es un negado para los hechizos de limpieza y Harry odia las tareas domésticas porque le recuerdan a su época de los Dursley, así que un elfo de la Malfoy manor va dos o tres veces por semana a limpiarles la casa. Harry es más cariñoso que Draco, el que suele buscar su mano cuando caminan por la calle o le da un beso simplemente porque sí, pero Draco es el que sabe qué marca exacta de chocolate y de cerveza muggle le gusta y se ocupa de que siempre haya en la nevera. Harry se pone histérico cuando Draco habla adrede arrastrando las palabras –sabe que le molesta-, pero se venga de él cantando mal las letras de las canciones; a Draco le hace el mismo efecto de unas uñas arañando una pizarra. Además, Harry se mete con él porque tiene los pies fríos y en invierno Draco le planta los pies entre las piernas a traición y Harry chilla y tienen una pelea entre risas que suele acabar en sexo. Por otro lado, cuando hacen algún viaje, Harry es un comodón y deja que Draco se ocupe de planearlo todo y apenas es capaz de aprender a decir “buenos días” en el idioma del país que están visitando. A Harry le pone muy caliente que Draco le diga guarradas al oído con su mejor voz de pijo y Draco no puede ver a Harry duchándose sin atacarlo sexualmente.
Y Harry está encantado con ayudar en el foro, pero Draco sospecha que alguna va a intentar quitarle a su Harry.
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